Cuba al desnudo, íntima y cotidiana, dibujada con apasionada franqueza en «La Habana en mi balcón»

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La_Habana_en_mi_balc_Cover_for_KindlePukiyari Editores anunció la publicación de La Habana en mi balcón, la novela ganadora del IV Concurso Internacional de Novela Contacto Latino escrita por la cubana residente en Miami, Willema Wong.

El certamen literario convocado anualmente por Contacto Latino y auspiciado por Pukiyari Editores atrae a cientos de escritores de todo el mundo y busca dar el merecido reconocimiento a autores de gran talento pero desconocidos a nivel internacional. Tal es el caso de Willema Wong, para quien este triunfo con su primera novela significa darse a conocer al mundo entero y, tal vez más importante, reconocerse a sí misma como escritora.

Según su autora, La Habana en mi balcón empezó a gestarse en Cuba, a partir de varios textos que hoy forman parte de este puzzle donde se entretejen discursos desde lo íntimo y personal, hasta lo colectivo y social. Su triunfo nos ofrece la oportunidad de adentrarnos en la intimidad de una Cuba desconocida.

En una calle de La Habana, cuyos extremos son el cementerio y el mar, vive una muchacha sola. El balcón, la escritura y la lectura son sus tablas de salvación en el naufragio del sistema social donde subsiste. Quiere desprenderse del contexto donde ha nacido, pero aprende que ningún ser es una isla y en su memoria lleva impresas las huellas de historias privadas y públicas. Se entretejen lo íntimo y lo social en un texto hecho de fragmentos, roto, como ella misma.

“Cuando una novela se hace vital, se nutre como un presente vivo y próximo, latiente y latente, se desarrolla con pulso enérgico y preciso y se deja empapar, dulce pero profundamente, por sutiles esencias de recuerdos, de ensoñaciones, de suaves melancolías y de esperanzas gozosas fundidas en un solo latido que la protagonista nos propone, no resulta extraño adivinar entre la calidez cotidiana de los personajes o en la recreación sincera de espacios geográficos, históricos y personales que, más allá de una isla, de una intrahistoria revolucionaria o de unas relaciones que se entroncan como núcleo sustantivo de la trama, el devenir argumental de la obra nos retrotraiga con fina minuciosidad a nuestra propia experiencia, a nuestro propio bagaje personal, es decir a la recreación armoniosa, entre costumbrista y existencial, de nuestras almas. Por eso, La Habana en mi balcón supone además de un viaje intemporal aventurado o de un tránsito delicado e introspectivo observante, un encuentro de soledades y azares donde lo real, lo quimérico y lo literario se trascienden hasta cumbres inhóspitas sólo apreciables desde ciertos balcones con vistas a la eternidad”, comentó Luis Miguel Helguera San Jose, juez del IV Concurso Internacional de Novela Contacto Latino.

Willema, su hijo y su libro al momento de recibir la primera prueba de impresión.

Willema Wong, nacida en Cienfuegos, Cuba, en 1978. Es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Trabajó diez años en los Estudios de Animación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en el área de comunicación. A finales del 2012 comenzó un periplo migratorio, arribando primero en Barcelona y luego en Miami, donde reside con su hijo y su esposo. Con La Habana en mi balcón, su primera novela, gana el IV Concurso Internacional de Novela Contacto Latino, llevándose además el triple estandarte de ser la primera mujer, cubana, residente en Estados Unidos que recibe este premio.

La Habana en mi balcón se encuentra disponible en tapa blanda y digital en todos los Amazon a nivel mundial. Pronto hará también su debut en Barnes & Noble, Books and Books y Books a Million, entre muchísimos otros. Mientras tanto Willema Wong se prepara para lanzar su libro en importantes mercados.

Desde un balcón en Miami: memorias de una novela escrita en La Habana

Por Willema Wong

Willema Wong en su balcón de Miami.
Willema Wong en su balcón de Miami.

Hace once años, una tarde cualquiera, después de un largo rato parada en mi balcón de la Calle 12, mientras esperaba la llegada de la luz eléctrica, comencé a escribir con la balaustrada como soporte a mi papel. Escribí hasta que anocheció. Esa vez decidí no tirar a la basura aquellas páginas, como hacía desde niña cada vez que la escritura me servía para sobrevivir a todo lo que me golpeaba, a cada situación que me dejaba incógnitas.

A partir de esa tarde escribí casi a diario. Escribía sin un fin determinado, sin un proyecto definido. Encontraba motivos en todo lo que veía, escuchaba, imaginaba, sentía, suponía o experimentaba. La lectura y la escritura eran mis mejores compañeras de aquel tiempo; también todos los ciclos de la cinemateca y el mármol gastado sobre el que pasaba horas observando la vida de mi calle. Cuando clasifiqué aquellas páginas en diferentes proyectos no es de extrañar que una carpeta se identificara: Calle 12. Sin embargo, para ese entonces, aquellas historias eran sólo piezas desordenadas de un rompecabezas.

Un par de años más tarde mi vida cambió radicalmente, convirtiéndome en una mujer casada con un bebé en brazos. La lectura y escritura se fueron alejando. Una parte de mí disfrutaba enormemente el rol de madre las veinticuatro horas, otra parte sentía a la cotidianidad riéndose en mi cara, demostrándome su poder para arrancarme esos otros dos placeres: leer y escribir. No me dejé vencer y saqué fuerzas de mi poder de organización para conjugarlo todo. Me propuse leer al menos cinco páginas diarias y hacer de alguno de aquellos proyectos algo más concreto, con principio y fin.

Por primera vez dejé a mi esposo leer mis textos y me aconsejó enfocarme sólo en un libro, que podría empezar dándole forma a Calle 12. Lo vi tan claro que empecé en ese mismo instante. Así la novela fue creciendo y durmiendo largas temporadas, retomándose y terminándose con diversas variaciones. No pude evitar tirar algunas historias a la basura. Si por mí fuera continuaría reescribiendo hasta el infinito esas páginas de las que me he despedido tras la llamada de Ani Palacios, anunciándome el premio en el IV Concurso internacional de novela Contacto Latino y la publicación con Pukiyari Editores.

La Habana en mi balcón tiene bastante de mí, pero no es autobiográfica. Como dice mi madre, a veces tengo dificultad para definir con claridad lo real de lo ficticio, lo mezclo todo y creo mis propias verdades. Doy gracias a ese defecto por permitirme sobrevivir. Doy gracias por tener la oportunidad de hacer de mi manuscrito un libro, por compartir esas memorias que en principio fueron para mi hijo, para cuando él tuviera edad de leerlas, conociera una parte de mí y de mi tiempo, diferentes a los que él ha tenido.

Hace dos años y medio vivo en Miami. El balcón de ahora ocupa la quinta parte de mi balcón habanero. Tiene diez plantas menos, pero el helecho es exactamente igual. Me falta el columpio, la máscara de soga y el maniquí. Su balaustrada de hierro no me permitiría apoyarme para escribir. Casi nunca salgo a este balcón del que me distancia una gran puerta de cristal (¿será que dondequiera que esté voy a sentirme en una pecera?) Hoy he pasado allí un rato, mirando el césped perfecto, la calle sin huecos, los carros donde no puedo ver los rostros de los conductores, los techos a dos aguas sin tanques con salideros, ni antenas con bandejas de aluminio. Todo tan alineado y tan limpio. Todo tan diferente de aquella realidad que una tarde me movió a empezar, aún sin saberlo, una novela.

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  1. Leslie Pérez Ruiz dice:

    Felicidades W!! soy testigo de tu escritura, pues una vez lo compartiste conmigo en aquellos días donde escuchando a Sabina y bebiendo: té, café o alguna bebida alcohólica conversábamos queriendo cambiar el mundo. Mezclábamos tu arte, con mi ciencia,vertientes diferentes que se unían en el lado bohemio de ambas. Recuerdas los cuadros que queríamos crear?, los diseños?, las fotos? El cambio de techo, ciclones, apagones, fiestas, cumpleaños (donde me tocaba cocinar), confesiones, miedos, relaciones, maratones de films. Vivimos muchas cosas en aquel apartamento lleno de energía positiva en 12 y 23. Apartamento que dio luz a tu libro y luego fue eco de los primeros pasos de Rodri. Enhorabuena mi hermanita kamikaze!! y espero más…

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