Los lectores, ¿una especie en vía de extinción?

Uno de cada diez adolescentes aún conserva el gusto y hábito por la lectura sana. Nueve están en proceso de extinción.

Mucho se habla de las especies en vías de extinción. Que los osos y el casquete polar por el calentamiento global, lo que parece a nadie importarle, así el colapso sea evidente y eminente. Que los páramos en todo el mundo por el avance depredador del retamo espinoso. Que los humedales y espejos de agua por el desaforado urbanismo y la ambición…

Y, así, un sinnúmero de especies, las cuales vemos cada día sucumbir ante nuestra impávida y cómplice mirada. Como si tal catástrofe no fuera una cuestión de todos. Eso, que lo solucione otro, tal vez el gobierno, o los ambientalistas, es quizá el mudo “razonamiento” que al respecto hacemos, para sentir algo de falaz y elusiva tranquilidad de conciencia.

Además de esas especies en extinción, hay otra, muy particular, que también lo está padeciendo. ¡La lectura! La lectura literaria. Facultad humana que está siendo devorada, a pasos agigantados, por la lectura rápida, por la incompleta, aquella sin más reglas que la precariedad de reglas. Me refiero a la que proveen las redes sociales, y que tanto adepto gana a diario.

Si bien es cierto que la tecnología es un gran avance de la humanidad, cuando este, a la postre, tiene la capacidad de dañarle las facultades al hombre, lo deja de ser y se constituye en un peligro, en un riesgo para su integridad. Como el azúcar y la sal para el diabético y el hipertenso, que a sabiendas de su mortalidad, es casi imposible de evitarles su deletérea pero exquisita ingesta.

El asunto con la lectura ligera no es combatirla a muerte. Es una herramienta que hay que enseñarle a la juventud cuáles son sus ventajas y cuáles sus desventajas, a la vez que irle incentivando el gustico, el placer, la emoción que conlleva hacer inmersión en las páginas de un libro, de una novela, de una compilación de narraciones…

Placer que hay que incentivarle al niño y al adolescente en el aula, a donde, por fortuna, todavía acude en sus niñez y juventud temprana. Precisamente cuando es pertinente orientarlo hacia ese literario, ensoñador y prolijo camino.

Sin embargo, para tal formación e incentivación literaria, hay una bendita talanquera. El mercado de los libros y, por ende, la búsqueda del lucro. Respetable, desde luego.

Pero, si queremos que la lectura literaria no se extinga, hay que hacer algo. Y, por su puesto, los llamados a ello, en principio, somos los escritores. Entiendo y sé, ya que lo he vivido, lo de los costos. Pese a ello, también sé que el verdadero escritor escribe para ser leído. Y que su máximo premio es la satisfacción, el placer del lector, allá, al otro lado de la página y, al final, ese suspiro que exhala, que se le escapa, antes de cerrarlo, con ganas de no hacerlo, pues en su interior hay algo que le dice que lo vuelva a leer, que vuelva a calbalgar el principio, el nudo el desenlace…

Mi propuesta es muy sencilla. En mi caso, ya la estoy desarrollando con la campaña: “Una novela para cada escuela” (visitar www.wrenciso.com para ver detalles). Con esta iniciativa de llevarle hasta el aula a estos niños y jóvenes las novelas, las narraciones, las poesías, los ensayos… de forma gratuita, los estamos embarcando en una de las aventura más maravillosas: ¡leer!

Mi meta inicial es llegar a 100 municipios colombianos, ya llevo 17 ejemplares entregados. Y, en un mediano plazo, a la totalidad, a los 1150 pueblos de Colombia. Además, de ser posible, que tengo confianza en ello, hacerlo en toda America Latina.  Este es mi granito de arena para evitar la extinción del gusto por la lectura y crear nuevas generaciones de lectores. ¿Y usted?  ¿Qué propuestas nos hace?

Plural: 2 Comentarios Añadir valoración

  1. Ispavi dice:

    Labor importante para los profesores el
    Incentivar la lectura en sus discentes, mediante, entre otras cosas, la escogencia de obras acordes con la edad, escolaridad, entorno en que viva El Niño o joven, de manera que lo emocione enfrentar una lectura con temas que le sean familiares y agradables sin que se llegue a la banalidad de la que sobra material,

    1. Así es, totalmente de acuerdo, doctor Israel Páez, esa labor del educador en el aula es fundamental.
      Gracias por su comentario.

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