Chaguaní del alma

Cómo olvidar, Chaguaní del alma, ese inconfundible y exquisito sabor a mango maduro… esos de color entre amarillo amanecer y naranja de arrebol que colgaban, insinuantes y provocativos, de las ramas sobre la polvorienta carretera; allá, entre los cafetales de Corinto, camino a las Sardinas… Fruta tentadora, que cogerla, morderla, devorarla y correr, era una aventura…